Escrito el 18 de marzo de 2008. Santiago de Chile, Sanhatan.

La idea era que fuera publicada en mi columna del diario La Patria.

Hacer periodismo en Chile debe ser difícil más cuando los editores en la actualidad buscan amarillismo y morbo, gran tendencia en los medios mundiales. Estos días que he estado en estas tierras sureñas de nuestro continente, he visto los diarios, los cuales salen según el horario del día; hay vespertinos, otros salen a medio día, otros a media tarde y otros al finalizar la tarde, prácticamente se dan las noticias en vivo en los periódicos.

Anoche a la 1 a.m. colocaron un petardo de mediano poder como dice la policía en Colombia; dirigido a un banco, la onda explosiva hizo unos daños menores en los ventanales y puertas, nada grande, pero como se dice se armo la grande, muchas ambulancias, bomberos, policías, si hubiera visto este movimiento de auxilio en Colombia hubiera pensado en una bomba de esas que destruyen dos cuadras a la redonda, ya a la 1:20 a.m. los noticieros salían con extras y hoy en la mañana todo el alboroto y eso que no hubo ni un herido y menos muertos.

Otra noticia que tiene en la vista los medios chilenos y que es de varios capítulos como de novela, es la historia de ‘Miguelito’; un niño de 14 años ya reconocido delincuente con un prontuario y vida conocida por todos, este menor al ritmo que va equiparará varios políticos colombianos, en menos tiempo que toda una vida politiquera.

Este menor lleva 17 detenciones desde los 11 años cuando empezó su carrera delincuencial. Asalta camiones, tiendas y gente en su barrio, con su pistola 9 mm, es todo un secuaz del mal, todo los de su sector le tiene miedo, ese mismo miedo que tenemos los colombianos a los paracos, guerrillos y narcos.

Pero mi reflexión va en el plano colombiano, me he preguntado cuantos petardos hay por semana en Colombia, esta semana las Farc en el Cauca, mato una persona y dejo trece heridas con una bomba, reclutan menores de edad para que disparen sus fusiles y maten otros niños con cilindros bombas o con las minas ‘quiebra patas’, mientras recorren los caminos de sus veredas o juegan alrededor de sus escuelas.

Lo que preocupa además de tener muchos atentados y muchos ‘miguelitos’ colombianos, es la manera en que los colombianos nos acostumbramos a vivir con ellos, a soportarlos y verlos normales, una muerto más, una bomba más, que mas da, dicen muchos.

Todo esto seguirá hasta que dejemos la indiferencia, cuando nos apersonemos de nuestros muertos y nuestros niños, cuando dejemos de pensar en que pasará en la novelas de la noche y pensemos mas en nuestros problemas reales.