Publicado en el diario La Patria, febrero 10 de 2009 pág. 14A

Por Sergio Acevedo Valencia
www.sergioacevedovalencia.com

De todo se ve en el Carnaval de Riosucio, este año se proclamó que el diablo de la casa cural junto a la Iglesia de San Sebastián era mejor que el del evento, que se metió gato por diablo, que el diablo pensó que era 31 de octubre y llego disfrazado y uno que otro feliz alicorado se le acerco y le pregunto, “en nombre de los infiernos y carnavaleros sin par, respóndeme, eres Lucifer o micifú”.

Antes que criticar quiero que la gente de la Junta del Carnaval reflexione y afronten los grandes errores de este carnaval y que los que criticaron hace dos años sintieron ahora en carne propia que no es fácil hacer el carnaval. Los dos últimos eventos han pasado por sin sabores que debe preocuparnos en la medida que la fiesta es uno de los seis Patrimonios Inmateriales de la Nación.

En la pasada Feria del Libro de Santiago de Chile, dialogando con la Ministra de Cultura de Colombia, me dijo que su despacho estaría muy pendiente del desarrollo del carnaval para respetar las normas del patrimonio y poder ostentar tan alto grado, es la primera vez que se realiza con este distintivo; por lo tanto preocupa que se desdibujen cosas tan importantes como el símbolo del festejo.

Me intranquiliza leer en La Patria (enero, 13 de 2009) las palabras de Álvaro Gärtner diciendo que el diablo este año era indígena, una representación del jaguar, cuando él en diciembre de 2002, en el conversatorio y libro “Las Voces de la Memoria” de la Fundación BAT tomo II; página 116 menciona, “…al diablo carnavalesco lo trajeron los mineros alemanes que llegaron en la primera mitad del Siglo XIX a trabajar en las minas de Marmato, Supía y Riosucio.”,  por lo tanto nuestro diablo es occidental europeo, ese de cachos, cola, tridente, negro, rojo y ardiendo en llamas; porque las ambivalencias son las que hacen temblar los cimientos del carnaval como patrimonio, estas discrepancias de decir una cosa y luego para defenderse cambiar el cuento, son defensas negativas para la cultura riosuceña.

No podemos estar acomodando la fiesta a nuestro antojo o sino desaparecerá, al igual que la gente que sólo piensa en las orquestas que se llevarán, el carnaval no es de orquestas; si lo quieren así, entonces se nos volverá una feria cualquiera.

Aplaudo que para desarrollar la efigie del diablo de 2009 se hiciera una licitación, la cual fue adjudicada por 16 millones que a la postre no es mucho para un diablo que llega cada dos años. Por mes el diablo costó 666.666 pesos, – mucho más se gasta un alcalde en viáticos mensualmente -. Lo que si no comparto es que se adjudicara a una persona que no tuviera conocimiento del carnaval, el ansermeño, Menhelberch Rendón Restrepo, representando la empresa Célula Film.

No sé que condiciones se le pusieron al contratante, si hubo bocetos y una ficha técnica para la fabricación, donde se exigiera materiales de calidad ya que el diablo no daba para mas papel y cartón reciclado, después de tener años atrás algunos de fibra de vidrio y materias de primera calidad.

Al amanecer de su entrada, el diablo se desbarataba, parecía que se hubiera tomado todo el guarapo solo, estaba igual que varios borrachos que dormían su rasca en los parques, su majestad se nos embriagó. Riosucio ya había tenido diablo que lanzaba fuego, que habla moviendo sus mandíbulas, que se paraba de su trono y una vez llegó en un flameante auto, entonces no veo que hubiera novedad en el actual, como lo quisieron hacer ver.

Hernán Ariel Gañan me comentaba que el diablo tuvo que pedir seguridad democrática porque hubo tres atentados para derrocarlo antes de su ida oficial, tres intentos donde casi le dan candela como a cualquier miserable diablo. Varios entusiastas colgaron mensajes en él; donde le daban el pésame por su bajo perfil este año; uno de ellos denigraba: “que pena en pleno carnaval nos sacaron un año viejo”.

La gente muy indignada después de ver este diablo, le bajo a la temperatura y candela a los infiernos riosuceños, el ambiente se hizo distinto a otros años, los desahogos se escuchan en el grupo de Facebook que creo Leonardo Cruz Salazar, “Inconformes con El Diablo del Carnaval de Riosucio”, cientos de carnavaleros desahogan allí su enojo.

El afiche un desacierto, lo hizo el publicista capitalino Carlos Duque quien hizo el afiche de Galán y Uribe para las campañas presidenciables y quien toma buenas fotos para la revista Soho pero se quedó corto en ideas para la magna imagen carnavalera, un afiche sin fuerza y sin alma de lo que es una fiesta multicultural y no un producto de mercadeo.

Las corralejas tuvieron un circo peligroso; su diseño no permitía que los improvisados toreros pudieran trepar alto y no estar cerca de los cuernos de los toros, el diseño tradicional ofrece más seguridad y un mejor ambiente de la corraleja.

Por su parte, la gente de la Gobernación se esta tirando la solemnidad, cada dos años quieren disfrazarse y colarse al desfile de cuadrillas, todo un irrespeto con los cuadrilleros, quienes se prepara dos años para ese domingo y los ‘pegados’ viene y dañan el desfile haciendo el ‘oso’, porque algunos de ellos no saben que es el carnaval; si quieren participar deberían hacerlo en el desfile de las caravanas o en el de disfraces sueltos, allí tienen cabida estas manifestaciones foráneas, pero no en la esencia y alma del carnaval que el desfile del domingo.

Al diablo lo quemaron dos horas antes, sin el gran ritual, sin el himno, fue una despedida ligera, algunos atinaron a decir que les habían quitado dos horas de carnaval, mientras otra multitud coreaba, “ese gato no sirvió, ese gato no sirvió”.

Creo que si es una fiesta autentica y sin par, debemos buscar que los riosuceños realicen todo lo que tenga que ver con el carnaval, su diablo, su afiche, sus corralejas, etc, ya que tenemos grandes artesanos, artistas plásticos, escritores, músicos, cantantes y todos los oficios requeridos para llevar acabo la festividad. Aunque suene egoísta, son nuestras raíces culturales, es lo que somos y no podemos dejarlo a foráneos; es nuestro trabajo.