Por: Sergio Acevedo Valencia
Columna diario La Patria
Antes de que Carlos Vives y la Provincia hicieran el boom de sonar el vallenato fuera de Colombia en los noventas, una década antes en la tierra del mariachi, un músico manito fundaba un grupo vallenato en la ciudad de Monterrey, el inicio se da después de escuchar a grandes del género costeño como Aníbal Velásquez y Alfredo Gutiérrez.
Celso Piña puso en los ochenta a bailar a los mexicanos vallenato, después de ensayar con la cumbia compró un acordeón el cual aprendió a tocar de forma autodidacta y hacer covers de grandes cumbias y vallenatos, creo que por su desconocimiento de la cultura vallenata, bautizó su grupo: Celso Piña y su Ronda Bogotá.
Pero el ‘Rebelde del Acordeón’ como se le conoce también, se apasionó por los ritmos que a mi parecer toca muy similar a los que le escuché en San Jacinto, Bolívar, al maestro Andrés Landero, quien fue designado rey vitalicio del Festival de la Leyenda Vallenata de Valledupar. El acordeón de Piña enamora por sus tonadas clásicas vallenateras, cualquiera podría confundirlas con las de Alejo Durán, Abel Antonio Villa u otro juglar.
Aunque el mexicano no es muy conocido en Colombia, en su país y Estados Unidos es uno de los grandes parranderos, sus conciertos convocan multitudes, sus giras no paran y hasta ha pasado el Atlántico para llevar su ritmo ajeno a los europeos. Este vallenato extranjero toca de forma distinta a la moda vallenata colombiana llamada la nueva ola que va hacia el sentimiento melancólico y de despecho, Celso ha evolucionado su vallenato a lo fiestero, al baile y al ritmo frenético de cumbias.
La tarima que pisa Celso Piña la vuelve grande, une generaciones por ser pionero en la fusión de vallenato y cumbia con géneros populares mexicanos hasta, ska, rap y hip-hop. De esta forma ha realizado trabajos con Café Tacuba, Control Machete, Gloria Trevi, Julieta Venegas, Bacilos, entre otros. Hasta un conocedor del género como el escritor ‘Gabo’ se ha deleitado en algunos bailes y fiestas privadas con su acordeón.
Su historia cuenta que tiene 20 producciones musicales grabadas, una nominación al Grammy Latino por su disco “Barrio Bravo” y cientos de conciertos, en casi 30 años de recorrido artístico que cualquiera envidiaría.
Celso no conoce Colombia, pero canta su música, se imagina la vida en nuestra tierra, es raro pensar que en tantos años dedicando todo su trabajo a nuestro país nunca fuera a conocer al menos Valledupar y su festival o las tierras donde nació la música del Caribe colombiano.
Sin equivocarme creo que es el único vallenato que no es colombiano o venezolano y que ama una tierra ajena con tal fervor que su vida la construyó en ese sueño llamado Colombia y que vive día a día en las calles de Monterrey donde anda con su música, tratando de simular un Macondo a la mexicana.
Celso es un ejemplo para todos los colombianos, el fervor que profesa por algo que no ha tenido el agrado de vivirlo en su origen, en las entrevistas parece que no fuera un mexicano el que habla si no un costeño de la sabana que ama a su musa por encima de todo, caso contrario a unos pocos colombianos que insisten en volver el país en una pesadilla con su conducta corrupta.
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Ya hace un año del histórico 4 de febrero, donde millones de compatriotas marchamos en más de 50 países, más de 100 mil caldenses salimos a las plazas de nuestros municipios a exigir libertad y paz. Pero la paz está también en que los dirigentes elegidos en las urnas sean transparentes y quienes los acompañan en sus administraciones den ejemplo y no los últimos escándalos vergonzosos que esperamos se resuelvan de la mejor manera para el buen nombre de nuestra capital y departamento.
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Me encanto desde sus inicios hasta la fecha, y me agrada que tenga buenos sentimientos por todo el mundo muebles saludos a todas