Casi me mata el Seguro Social
Escrito por Sergio David Acevedo ValenciaApr 21
En 1998 existía el Instituto del Seguro Social (ISS), desde esos años no ha cambiando mucho en la salud de los colombianos.
En abril de ese año recuerdo que en una curva salí volando de la bicicleta a más de 70 kms por hora; no perdí la vida gracias al casco y mis ojos intactos por las gafas que estrenaba y que duraron sólo 110 kms que hicimos ese día en bici, era un circuito subiendo de Supía al Alto del Tabor; seis veces cómo preparación para el Campeonato Nacional que se celebro ese año en nuestro pueblo.
Las oficinas del Seguro Social en Riosucio funcionaban en la entra al Hospital San Juan de Dios de Riosucio, en la misma casa donde siempre ha existido la tienda “Punto y coma”, allí llegue a medio día; me llevo un taxista de Medellín que se apiado de un ciclista accidentado el cuál socorrían sus dos compañeros bicicleteros, un primo y mi hermano. Yo yacía en el asfalto herido cual ‘Frankestein’ pero el samaritano antioqueño me acercó al ISS, para mi mala suerte.
En ese entonces la medicucha que estaba allí, recordarán varios era una pastusa que para el mal de Riosucio llegó a nuestras tierras, ella era de pelo negro muy rizado y a la postre mi vecina en la Urbanización La María, diagonal al Hospital.
Después de todo ello y de llegar moribundo la médica no me mando ni una pinche radiografía, dizque porque caminaba y estaba consiente después del gran lapo que me metí.
Así es como la siguiente canción me recuerda a la inepta medica, qué ojala ya no este ejerciendo porque creo dejó morir muchas personas por incompetente y mediocre.
“El Niágara en bicicleta”, Juan Luis Guerra
Me dio una sirimba un domingo en la mañana
cuando menos lo pensaba
caí redondo, como una guanábana, sobre la alcantarilla
será la presión o me ha subido la bilirrubina
Y me entró la calentura
y me fui poniendo blanco como bola de naftalina
me llevaron a un hospital de gente (supuestamente)
en la Emergencia, el recepcionista escuchaba la lotería
(¡treinta mil pesos!)
¡Alguien se apiade de mi!
grité perdiendo el sentido
y una enfermera se acercó a mi oreja y me dijo:
“Tranquilo, Bobby, tranquilo”
Me acarició con sus manos de Ben Gay y me dijo:
“¿Qué le pasa, atleta?”
y le conté con lujo de detalles lo que me había sucedido
Hay que chequearte la presión
pero la sala está ocupada y, mi querido
en este hospital no hay luz para un electrocardiograma
Abrí los ojos como luna llena y me agarré la cabeza
porque es muy duro pasar el Niágara en bicicleta
No me digan que los médicos se fueron
no me digan que no tienen anestesia
no me digan que el alcohol se lo bebieron
y que el hilo de coser fue bordado en un mantel
No me digan que las pinzas se perdieron
que el estetoscopio está de fiesta
que los rayos X se fundieron
y que el suero ya se usó
para endulzar el café
Me apoyé de sus hombros como un cojo a su muleta
y le dije: “¿Qué hago, princesa?”
y en un papel de receta me escribió muy dulcemente:
(mi princesa, ¿qué va a ser de mí?, uh…)
“Lo siento, atleta”
Bajé los ojos a media asta y me agarré la cabeza
porque es muy duro pasar el Niágara en bicicleta
1 comentario
Enviado por VEPB el June 26, 2009 a las 7:48 pm
Hola… que cruel panorama y desafortunadamente hoy en dia la realidad es mas cruda, en nuestros muncipios caldenses la población esta moribunda no por sus enfemedades de base, sino por la atención mediocre de nuestros estudiantes o egresados de las facultades de salud, por Dios la medicina con humanos es la diferencia con la del reino animal, pero es triste decir que en nuestros hospitales ni como a perros tratan la población enferma, por favor todas las personas que tengan familiares estudiantes o egresados de nuestras universidades en salud, invitenlos a recordar el juramento hipocratico y principio de la maleficencia al ser humano……..si no saben o no les nace atender bien ” favor abstenerse intencionalmente de realizar acciones que puedan causar daño a los demas”