Columna diario La Patria

Por: Sergio Acevedo Valencia

El paro camionero puede afectar momentáneamente la economía de los hogares colombianos, pero no los afecta tanto como lo hace el incremento de los costos que soporta el gremio transportador, que al final repercute indirectamente en los bolsillos de todos en el país. No sólo el costo del combustible es el problema, también lo son, los costos de las llantas, amortiguadores, estacionamientos, comisiones a intermediarios que son quienes tienen la carga, y hasta los mismos trabajadores de las empresas transportadoras que no deberían recibir un solo peso más que su sueldo, pero les encanta pedir “propina” por hacer el trabajo por el que les pagan.

Las comparaciones son odiosas, pero a veces son buenas para entender la realidad mágica de nuestro país. Chile en su suelo sólo tiene un 20% del petróleo para suplir su consumo y el resto es importado, sin embargo el precio es parecido al de nuestro país, donde sí tenemos yacimientos petroleros dándonos hasta el lujo de exportarlo. Los combustibles en Chile bajan o suben su precio cada jueves, varían según el precio internacional del crudo, el cambio del dólar, y tiene un impuesto del 33% en el precio final. Esta semana por ejemplo el galón bajó 320 pesos colombianos y el valor quedó en 9.100 pesos, en Colombia vale 7.500 pesos, pero en nuestro país no tiene costos de transporte del crudo desde yacimientos del Golfo de México o Medio Oriente como sí los tiene Chile.

Un camión en Chile para recorrer los 140 kilómetros que hay entre Santiago y Valparaíso paga dos peajes por valor de 10 mil pesos cada uno y siempre se transita por una súper autopista o doble calzada, con zonas de descanso para los camioneros donde pueden dormir y bañarse sin ningún costo, además se les brinda asistencia mecánica o grúa por cuenta de la autopista. En cambio en Colombia un camión para ir de Manizales a Pereira por una muy regular autopista que tiene un recorrido de no más de 60 kilómetros, lo que es menos de la mitad del recorrido en Chile, se cobran dos peajes uno de 8.500 pesos y otro de 11 mil pesos a los camiones. El costo tiene una diferencia con Chile de 500 pesos menos y se recorre menos de la mitad de la distancia, además la ruta cafetera hasta ahora se está convirtiendo en autopista y no posee ninguna zona de descanso para los transportadores.

Además de lo caro del peaje, en la Autopista del Café atropellan a los camioneros al obligarlos al dar la vuelta por la vía vieja entre Chinchiná y Santa Rosa, pagando el mismo valor en el peaje a pesar de transitar por una vía antigua y corriendo más riesgo por lo angosto del trazado donde al encontrarse dos camiones con dificultad y precisión pasan rozando las máquinas. Lo anterior se argumenta en los mismos errores de la autopista que tiene en el mundo el único peaje en una vía inclinada (Tarapacá II), lo que hace que los camiones se esfuercen de forma extra al arrancar y de ahí vienen los accidentes por culpa de las mentes brillantes de los administradores e ingenieros de la concesión, que sólo encontraron solución con castigar al gremio.

Vale la ocasión de confrontar lo que pasa con los autos; en Chile pagan seis mil pesos en los dos peajes y en la Autopista del Café para recorrer 80 kilómetros menos que los chilenos, pagan seis mil en el peaje de La Trinidad y ocho mil en Tarapacá, en total dos mil pesos más por circular mucho menos.

En estos momentos por llevar una tonelada de carga de Manizales a Medellín pagan 60 mil pesos, mientras empresas de correos por llevar un sobre de 100 gramos cobran seis mil pesos, o sea que con 10 sobres, que pesan un kilo, ganan lo mismo que un camionero que lleva mil veces más carga.

Un camión en Colombia cuesta en promedio 140 millones de pesos y una tractomula 300 millones, los promedios del sector estipulan que para librar la inversión se requiere de 10 a 15 años, justo cuando ya se le considera un modelo viejo y se convierte en no apto para la carga.

Esa es la realidad, muy por encima, de un gremio que mueve al país y que está formado en la mayoría por personas que con esfuerzo han salido de hogares humildes y que kilómetro a kilómetro forjan un mejor futuro para sus familias e hijos que son el futuro del país. Así lo hicieron mis tíos y mi papá.