Se miden fuerzas en Unasur
Escrito por Sergio David Acevedo ValenciaAug 28
Columna diario La Patria
Por: Sergio Acevedo Valencia
Uribe lo que debe aprovechar en la cumbre es convencer y demostrar que el acuerdo respetará las soberanías de las demás naciones.
La cumbre extraordinaria de la Unión de Naciones Suramericanas en Argentina, va ser el primer escenario donde se verán cara a cara los presidentes de Colombia y Venezuela, después del anuncio del presidente Uribe de permitirle a Estados Unidos la utilización de siete bases militares en territorio colombiano.
Los doce países del organismo se sentarán a dialogar después de la ausencia de Colombia en la pasada cumbre en Quito, debido a que Uribe no se sentía seguro en territorio ecuatoriano. Por lo tanto los demás mandatarios esperan que se debata ampliamente sobre el tema de la presencia de militares extranjeros en Suramérica.
Colombia ha dicho que no se sentará en el banquillo de los acusados y que el acuerdo con los estadounidenses no sufrirá ningún cambio por más argumentos que se den en la cumbre. El presidente Chávez antes de su viaje ha dicho que presentará un informe para desmontar las mentiras colombianas, mientras sus antagonistas lo han denunciado de injerencia en asuntos internos de Colombia.
Argentina como país anfitrión ha dicho que la agenda es abierta y permitirá que se traten los temas planteados por Bogotá, que son: carrera armamentista de sus vecinos, en especial Venezuela, los acuerdos de cooperación extra-regionales y el terrorismo.
El único punto a favor de Chávez son las mentiras dichas por Estados Unidos en el pasado reciente. Ejemplo de esto fueron, la negación de cárceles ocultas en Europa y la tortura de presos en Iraq. Es así como Caracas puede sentir que van a vigilar su proceso revolucionario socialista, por parte del país norteamericano. Así la Venezuela socialista tendría grandes razones para creer que los militares que desembarquen en Colombia no van a combatir el narcotráfico y la guerrilla, por las cuales Chávez ha demostrado admiración, al punto de considerarlas un grupo beligerante y no terrorista y no como las han denominado la Unión Europea y la mayoría de los países de América, exceptuando a Ecuador y Nicaragua, fieles seguidores del proceso socialista de Caracas.
Brasil sigue la línea de evitar “los vientos de guerra” y la posibilidad de llegar a un consenso, el cual parece poco probable por la polarización de las ideologías.
Las razones de los colombianos para habilitar sus bases militares para el uso de efectivos del país del norte, van en medida implementada en la lucha de la política de seguridad democrática del presidente Álvaro Uribe y el combate contra el narcotráfico en las costas Pacífica y Atlántica.
Colombia es el país que más ha sufrido el derramamiento de sangre por la guerra del narcotráfico y espera que esta nueva colaboración militar ayude a evitar que salga más coca la cual siga alimentando el conflicto en el país y llegue menos dinero para financiar las bandas terroristas. La violencia avivada por el tráfico de drogas, no ha sido experimentado en los niveles que se conocen en las tierras del café por sus vecinos sudamericanos —en algo Perú— por lo tanto el desconocimiento de la gran ayuda que puede prestar Washington es la ignorancia que rodea los pensamientos contrarios a Bogotá. Por ello pensar distinto a los esfuerzos por mitigar el negocio ilícito, es ir en vía contraria a la libertad y la democracia que profesan las naciones de Unasur.
Uribe lo que debe aprovechar en la cumbre es convencer y demostrar que el acuerdo respetará las soberanías de las demás naciones. En este sentido, también hacer partícipes de esta cooperación contra el tráfico a las demás naciones, no sólo combatiendo la interceptación de cargamentos, sino la investigación y perseguimiento del lavado de dinero en los países de la zona.
Es bueno resaltar las declaraciones de Ecuador en voz de su canciller, al señalar que la idea de su país es llegar a consensos en la cumbre, actitud que puede traer vientos de tranquilidad, después de los roces entre Quito y Bogotá.
El reto de Unasur no es saber quién manda en la región, el reto es buscar la integración, que va más allá de las ideologías como lo ha hecho la Unión Europea y mirar el bien común de las libertades y la pacificación de los países que son azotados por la violencia que genera los mercados oscuros del tráfico de estupefacientes.
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