No se qué es más triste que los pobres se roben entre ellos o que los ladrones de cuello blanco se lleven los recursos públicos para sus bolsillos. Hace unos días vi por las noticias de Caracol una nota absurda. En Cartagena un circo no pobre, sino paupérrimo fue asaltado. Un circo donde la carpa tiene más agujeros que una red de pesca, un circo donde la entrada para adultos vale 0,5 centavos de dólar y para niños 0,25.

Los miserables se llevaron todo, el maquillaje de los payasos, la barba de la mujer barbuda y hasta la cuerda floja. Además los maleantes no quedaron contentos con llevarse la risa de la gente pobre, sino que también decidieron abusar sexualmente de la estrella del circo. “Es una gran bailarina”, decía uno de los payasos refiriéndose a su compañera de trabajo. Así fue como los cuatreros decidieron violar a Paola, la danzante del circo, una belleza de 4 años de edad, la accedieron carnalmente.

Hasta dónde llega la miseria de los maleantes, atracar y además abusar sexualmente a Paola, la burra bailarina, quien es el único animal del local circense.