La Universidad Católica y la Armada de Chile han presentando la exposición fotográfica “El mar, una mirada a lo nuestro”, es una recopilación de las mejores imágenes enviadas al concurso del mismo nombre. La finalidad es brindar una mirada reflexiva sobre el mar, no sólo como elemento turístico, sino como elemento de trabajo y lo que pasa en el vivir cotidiano de miles de chilenos que coexisten en la costa con el ambiente natural del Océano Pacífico.

Se observa íntimamente retratos del hombre sumergido en las aguas, algunos sacando el sustento diario o buscando elementos para comerciar hacia el interior del país. Las fotos también incentivan la conservación del recurso natural, la limpieza del medio ambiente y el cuidado de la flora y fauna que lo habita.

Es de resaltar el interés de los artistas de captar la actividad económica que se ejercen en las aguas marítimas, tanto como la pesca artesanal como los grandes negocios de los barcos mercantes. Sin duda el mar siempre esta relacionado con el país y su gente.

Las técnicas utilizadas por los 24 autores de las instantáneas son variadas, desde contraluces que permiten ver sombras definidas y amarillos intensos de reflejos posteriores, se pasa por obturaciones lentas que hacen ver al agua como diáfana y calmada al pegar contra las piedras, mientras otras imágenes con obturaciones altas han detenido las grandes olas. Los diversos ángulos de picado y contrapicado demuestran la belleza que puede otorgar el mar y su entorno desde cualquier mirada posible.

La elección de las obras ha sido un buen equilibrio para la temática y los hacedores de la muestra. Se detalla además la riqueza del país, de su gente y de la propia Armada. Cualquier escaneo sobre las imágenes hace percibir con la mirada y concebir con los demás sentidos el patrimonio del agua salada, al rememorar los sonidos del agua oceánica en calma o con toda su energía golpeando en la costa, el grito de pescadores o la calma de los icebergs en el sur. Las fotos son relajantes, su contemplación hacen recapacitar sobre el papel del individuo consumista y devastador en el que se transformó el hombre en el siglo XX.

Observar una a una las 24 obras es gratificante, tanto a la vista como al pensamiento. Se madura la conciencia y se disfruta con imágenes cargadas de muchos colores, fuerza, suavidad y calma a la vez. Además queda la grata sensación de querer ver más fotografías, siendo la única falla de la muestra, puesto que seguramente había más material de gran calidad a lo largo del país.