Esta es la historia de una mujer manizaleña, que perneó la elite de la sociedad chilena. Hizo amistad con las esposas de empresarios, gobernantes y gente de poder en el país austral. Fue acusada por el máximo jerarca de la iglesia chilena, de hacer malas prácticas y la trataron de expulsar del país. Se le culpaba de muchas separaciones, entre matrimonios de los barrios más pudientes de Santiago. Autodenominada como gurú cristiana, recibió amenazas de muerte.

Reportaje publicado en el diario La Tercera, el 9 de mayo de 1999.

CON UN LIBRO, MUJER DE LO BARNECHEA INTENTA DESAFIAR A LA JERARQUA CATÓLICA CHILENA

LA GUERRA SANTA DE SABINA

Seguida fielmente por un pequeño grupo de adeptos pertenecientes a la alta burguesía chilena, una carismática colombiana de 49 años ha comenzado una batalla contra la Iglesia Católica, transformándose en una amenaza para algunas familias que han terminado divididas bajo su misteriosa influencia.

Por Gazi Jalil

Hace meses que el Arzobispado de Santiago investiga a una mujer pequeña, de aspecto inocuo, que viste ropa ancha, toca guitarra, canta de maravillas y arrastra los pies cuando camina. En el Ministerio del Interior reúnen sus antecedentes, el Departamento de Extranjería “extravió” sus papeles y el abogado de Ema Pinto, Erwin Sapiain, investiga si ella era la gurú de la compañera de departamento de Marcela Casanueva, la asistente social asesinada en extrañas circunstancias.

Sabina Vélez Hurtado ha despertado la ira de los católicos más conservadores del sector alto de Santiago y la admiración de un grupo de personas, especialmente mujeres, algunas de las cuales han optado por dejar a sus familias para seguirla. Ex prostituta, ex drogadicta y ex alcohólica -como ella misma se define-, para sus seguidores es la gurú del barrio alto, la profeta de fin de siglo, la guía espiritual de la clase acomodada, la tocada por Dios. Para muchos otros, Sabina Vélez es, simplemente, “la tipa esa”. Así la llaman los que no quieren saber de ella.

El domingo pasado, Sabina agitó varias misas matutinas en las comunas del sector Oriente de Santiago. Junto a sus seguidoras se instaló fuera de las parroquias y repartió gratis un librito de 30 páginas, que ella llama “mi primera carta”, titulado “Devuélvannos la Iglesia de Jesucristo”. En el documento, impreso por Ediciones Providencia en papel de fotocopia y tapa de cartón, con un tiraje de 2 mil ejemplares que costaron cerca de 500 mil pesos, Sabina se atreve a criticar severamente a la Iglesia Católica, sus interpretaciones de la Biblia y “su alianza con los poderes económicos”, además de fustigar a los jesuitas, los Schenstatt, los Legionarios de Cristo, a monseñor Francisco Javier Errázuriz y a la prensa que, según ella asegura, la ha “denigrado”.

La reacción de la jerarquía eclesiástica no se hizo esperar: Enrique Palet, director de Asuntos Públicos de la Conferencia Episcopal, informa que monseñor Errázuriz “está en conocimiento de la situación y estudia un pronunciamiento al respecto”, mientras el sacerdote schenstattiano, Gonzalo Castro, realiza una investigación por orden del Arzobispado, de la cual prefiere no hablar por el momento. Para Palet, el asunto es delicado, por lo que se planea una reunión con ella para que aclare sus dichos.

Sabina se ha ganado muchos detractores, por lo que, según ella misma cuenta, ha recibido amenazas de muerte de maridos que ven a sus esposas fanatizadas. Hace algunas semanas debió abandonar el país, ante el temor de que tales amenazas se concreten.

“A mí me persigue hoy la Iglesia Católica. Iglesia a la que pertenezco libre, voluntariamente y por decisión personal, no impuesta, ni heredada, ni recibida por tradición. Sino convencida”, escribe Sabina, que rechaza el símbolo de la cruz y reivindica el Ictus, la imagen del pescado que utilizaban los cristianos romanos.

Al menos en una de las parroquias de Lo Barnechea, el sacerdote juntó varios ejemplares de su carta y los quemó en el patio. Otros párrocos de Las Condes, La Dehesa y Vitacura aconsejaron a los fieles no seguir a Sabina, que la abandonen, que no lean su libro, que lo arrojen a la basura y se olviden del episodio. El padre Antonio Díaz, de la parroquia Santa Teresa de Los Andes, advirtió que la próxima vez que la vea repartiendo sus libros la va a expulsar del terreno parroquial.

Sabina provoca reacciones de rechazo similares a las que afrontó, hace exactamente 30 años, el argentino Silo, quien se autoproclamaba la reencarnación de Cristo y era seguido por adolescentes que abandonaban sus hogares. Ella, sin embargo, se siente la última víctima del sentimiento de “mofa” y “burla mordaz” que sufrieron Abraham, Moisés y todos los profetas, y dice detectar “celos profesionales” de parte de algunos curas.

A esta colombiana de 49 años, nacida en Manizales y que llegó a Chile en 1980 como misionera católica experta en las Sagradas Escrituras, la rodea un halo de misterio que a muchos provoca temor y que ella parece fomentar. No contesta el teléfono, fue imposible entrevistarla a pesar de los numerosos recados, sale de la casa a las 8 de la mañana, regresa pasadas las 22 horas y el padre Antonio Díaz se pregunta “¿qué hace?, ¿de qué vive?”.

Su pasado es igualmente misterioso. Algunos recuerdan que en clases ella contaba que, agobiada por el estilo de vida que llevaba en Colombia, decidió recluirse en un monasterio, donde durante varios días escuchó golpes y ruidos en las paredes de su cuarto, sin descubrir el origen. Un día abrió la ventana y tuvo una experiencia similar a la de algunos santos, explica con total desparpajo: una luz la encegueció y escuchó que Dios le hablaba, lo que la motivó a estudiar el Antiguo y Nuevo Testamento y dedicar su vida a Jesucristo.

Sabina va a misa todos los días y -aseguran algunos- su grupo de seguidoras, todas mujeres, que en la actualidad apenas llegan a diez, le arriendan una modesta casa en El Arrayán, le pagan las cuentas y la ayudan con todos los gastos.

La mayoría enmudece cuando se le pregunta si la conocen. “Ella me da miedo”, confiesa una ex seguidora, y no hay caso que alguien acepte ser entrevistado si no se le promete el anonimato.

Sirviéndose de su carisma, Sabina se hizo fácilmente conocida en un sector de la clase alta de Santiago impartiendo cursos de Biblia. Comenzó a hacerlos en los colegios Apoquindo y Villa María, luego de haber sido acogida tras su llegada a Chile por los sacerdotes jesuitas Agustín Sánchez y Carlos Aldunate, “quienes fueron mis formadores, al lado de los cuales trabajé durante 16 años continuamente y conviví con ellos durante todo ese tiempo (…) fueron ellos los que en nombre de los jesuitas firmaron los documentos para mis visas”, menciona Sabina en su libro.

En la casa de retiro que posee la congregación en Padre Hurtado, Sabina dio sus primeras clases de Biblia y organizó retiros, pero el provincial de la Compañía de Jesús en Chile, padre Juan Díaz Martínez, negó mediante una carta la vinculación de ella con la Orden, agregando que los sacerdotes Sánchez y Aldunate “se han ido distanciando de ella por el modo de proceder que tiene”. Sabina se volvió una oveja descarriada.

Entre sus ex alumnos del Villa María, ganó muchos adeptos y continuamente llegaban matrimonios, parejas y personas que veían en ella a una mujer inteligente y con considerables conocimientos sobre las Sagradas Escrituras.
“Ella es capaz de recitar el Evangelio de memoria y tiene una forma de entregar sus conocimientos que te envuelve, te lleva y te convence”, cuenta alguien que participó en esas reuniones. “Eran clases entretenidas, todo lo que enseñaba era positivo; hay gente que estuvo 7 años con ella”, recuerda otro. “Cantábamos, bailábamos, gritábamos y todos la mirábamos embobados”, destaca una señora. “Te enseñaba a leer la Biblia, a usarla, a enfocarla”, asegura otra.

En esas clases, Sabina hablaba acerca de las discrepancias entre las doctrinas de la Iglesia Católica y las Sagradas Escrituras.

El ego de una gurú
En cosa de meses, su fama se extendió de boca en boca y su nombre se insertó con fuerza entre muchas familias conservadoras del barrio alto de la capital. Se sintieron atraídas por ella varias mujeres casadas, de entre 35 y 50 años y con buena situación económica. De acuerdo con lo que cuentan quienes la conocieron, llegó a tener cerca de mil seguidores, aunque otros ponen en duda esa cifra. Lo que está claro es que sus “feligreses” pagaban una cuota voluntaria por asistir a sus clases que luego comenzó a realizar en la casa de sus alumnos. “Había dos cuadras repletas de autos estacionados una vez que fui a escucharla”, cuenta una fuente.

Algunas de sus adeptas, sin embargo, fueron más allá. “Perdí a mi hija”, cuenta una madre. “Ella comenzó a ir a clases hace seis años y al principio todo era muy normal. Pero pronto fue endiosando a Sabina, hasta que un día me dijo que ya no quería verme más, ni a nadie de la familia.

Incluso, se separó del marido para dedicar todo su tiempo a ella”, dice.

Una ex seguidora la defiende: “Conozco sólo dos casos similares, pero no creo que hayan abandonado a sus familias por culpa de Sabina. Esas personas son muy especiales y tenían problemas. Si no hubiera sido Sabina, habrían tomado la misma decisión con alguna otra excusa”, asegura.

A Sabina, que tiene su propia interpretación de la resurrección de Lázaro, de las bodas de Canaan y otros milagros de Jesús, “no le interesa un tratamiento periodístico de lo suyo”, explica una ex seguidora. Su recelo ante la prensa surgió después de que se publicara un artículo en la revista Caras, en marzo pasado, con el título “La gurú que ha cautivado a la clase alta chilena”. “Para ella fue un asesinato de imagen, que provocó que mucha gente se le distanciara”, comenta una cercana a Sabina.

Sin embargo, muchos coinciden en que ésa no es la única razón del alejamiento de varios de sus incondicionales. Aparte de que, según varios entrevistados, ella sólo ha impulsado la destrucción de las familias, muchos le critican su carácter irascible y su fanatismo. “Sabina es muy brillante, pero también es soberbia y tiene un ego demasiado grande. Se siente muy segura de lo que hace. No acepta que la contradigan. Para ella su verdad es la única y pobre del que se la discuta”, advierte una fuente. “Todo lo que uno opinaba estaba malo. No volvería a sus clases ni amarrada”, señala otra ex alumna.
“Ella echaba de las clases a las personas que la cuestionaban”, recuerda alguien que dejó de asistir a sus cursos por lo mismo.

Pero Sabina tiene otra visión acerca de sí. Hablando sobre la gente que ha intentado su expulsión del país, escribe: “Me ven pobre pero contenta.

Ellos son ricos pero angustiados. Me desprecian pero me ven llena de amigos. Mi espontaneidad para manifestar pensamientos y sentimientos y mi veracidad y sinceridad, la llaman agresividad”.

Agitando las misas
Uno de los ejercicios favoritos de Sabina, recuerdan sus alumnas, era enviarlas a misa con la Biblia. Les pedía que compararán la lectura que hacía el sacerdote con lo que salía en el libro, para que se percataran de las diferencias y de las partes que se saltaban. “Los sacerdotes en Chile están muy molestos porque después de misa vamos a preguntarles porqué no hablaron de Jesucristo. Las respuestas son asombrosas.
Un día uno de ellos me contestó que no lo hizo, para saber si algún feligrés se había dado cuenta de que no lo había hecho y me felicitaba porque yo lo noté”, cuenta Sabina en su primera carta.

Varios sacerdotes la han acusado de formar una secta y de desorientar a las familias. Ella se defiende diciendo que sigue el ejemplo de Jesucristo y reclama que la Iglesia ve cualquier intento de comunidad como secta.

En el Arzobispado de Santiago, quienes han leído su primera carta, afirman que Sabina tiene profundas confusiones doctrinales e históricas.

Actualmente ya no hace clases. Su mayor interés se concentra por estos días en escribir las cartas, como la que repartió el domingo pasado. Hoy posiblemente ya haya entregado los 2 mil ejemplares de su segunda misiva, donde se refiere a los sacramentos, agitando nuevamente algunas misas matutinas del barrio alto.
Una ex seguidora advierte:
“Esto recién está comenzando”.
Seguramente, una reacción más decidida de la jerarquía eclesiástica tardará poco.