Columna de opinión publicada el 30 de octubre de 2010 en el periódico La Patria de Manizales, Colombia.
Por Sergio Acevedo Valencia.
Luego de leer la lista de los ganadores del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, decidí buscar los ganadores de la categoría de educación. Una de las menciones de honor fue para el artículo “La farsa de las publicaciones universitarias”, del profesor de la Universidad de Caldas Pablo Arango y a su vez el texto de Nicolás Morales Thomas, quién le respondía a Arango ocupó el primer puesto: “El Manizales Truman Show “.
En verdad cada párrafo que se lee en ambos escritos tiene la razón. Claro que entiendo mucho mejor el planteamiento de Arango. Es el análisis de cómo la gran mayoría de docentes universitarios convirtieron las editoriales académicas en escalones burocráticos para un mejor salario.
Hace unos años atrás me contrataron en la Universidad de Manizales para editar una serie de libros. El contenido de estos era la investigación de un grupo de profesores, el cual contaba además con el apoyo de varias instituciones estatales. No debo desconocer que el contenido era excelente y que describía la realidad juvenil del departamento en varias áreas.
En algún momento insinué a los encargados de la investigación en editar el contenido, con el fin de hacerlo más ameno y entendible a los lectores, desde luego manteniendo la profundidad y exactitud de la investigación. Pero lamentablemente ni una frase se pudo cambiar, porque los profesores creían que como lo escribieron estaba muy bien redactado. Pero los que vivimos de escribir, sabemos que siempre se podrá mejorar cualquier idea que se quiera plasmar en un impreso.
Concuerdo con el profesor Arango, los libros y revistas universitarias son aburridos y parecieran no tener aportes porque muchos investigadores no saben escribir, gastando una página entera y dando a entender solo una idea, que perfectamente se explicaría en un párrafo.
Llegando así a escribir unos mamotretos aburridos de leer.
Luego Nicolás Morales le contesta a Arango, diciéndole que hay que darle la oportunidad a las editoriales universitarias y no sacrificarlas como lo hace el profesor de la U. de Caldas en su planteamiento. Allí coincido con el contestatario. Las editoriales universitarias deben existir y publicar lo requerido por la academia, como lo han hecho desde hace muchas décadas atrás.
Lo complicado es que para que salga un buen escrito, se deben escribir decenas de páginas aburridas. Por lo que entiendo, Arango vislumbra que no debería ser así y apúntala que no se desperdicien hojas y tinta, llegando al concepto de la eficiencia administrativa.
Por lo tanto para mí, la propuesta de Pablo Rolando Arango esta enfocada hacia poder tener una escritura de excelencia, algo casi imposible debido al alto ego de los docentes universitarios, quienes no aceptan ni siquiera la sugerencia de un cambio para una buena redacción, que les permita transmitir sus teorías de forma clara y amable a quienes leerán sus trabajos.
Entonces es una cuestión cultural que difícilmente cambiará, por lo tanto vuelvo sobre lo que dice Morales, hay que darle la oportunidad a las editoriales de las universidades para publicar y esperar encontrar algo bueno.
Pero qué más quisiera yo, al igual que el profesor de la Universidad de Caldas, encontrar siempre un buen libro universitario, sin que los escasos recursos monetarios de la los claustros se desperdicien en otras tediosas publicaciones. Ojalá las universidades busquen la forma de establecer mecanismos que les permitan optimizar los costos de los sistemas de edición. O mejor aún, aunque más difícil, que algún día los docentes entiendan la importancia de permitir una edición profesional de sus trabajos.














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