Profesionales del programa “Enseña Chile” evalúan los cambios propuestos por el Gobierno:
Están recién titulados de sus carreras y llevan al menos un año haciendo clases en colegios de sectores vulnerables que registran bajos puntajes en el Simce. Desde adentro del sistema analizan las modificaciones que impulsa el Ministerio de Educación y relatan su experiencia de servicio comunitario.
Por Sergio Acevedo e Ignacio Bazán
Son dos años los que pide la Fundación Enseña Chile a sus postulantes, jóvenes recién egresados de la universidad. Dos años dedicados a enseñar en colegios de escasos recursos y de bajo rendimiento, según el Simce. La idea de la organización es subir el nivel de aprendizaje de esos estudiantes, pero también que los nuevos profesionales conozcan el sistema educativo desde adentro. Estos profesores jóvenes, salidos de carreras tan diversas como ingeniería comercial o derecho, se insertan en la docencia del mismo modo en que lo hacen los profesores debutantes: tienen los mismos horarios y remuneraciones, que promedian los 390 mil pesos líquidos.
En ese contexto, Tomás Recart, director de Enseña Chile, evalúa las reformas educacionales del Gobierno. “Están bien direccionadas, aunque no creo que cambien mucho el sistema”, dice Recart. “Lo que más falta es gente que pueda implementar esas políticas. El gran problema hoy día es por qué nadie quiere ser profesor. Y en ese sentido, las políticas públicas son súper importantes, pero no suficientes”.
Tomás Rivadeneira -hermano del asesor presidencial Ignacio Rivadeneira- también es parte del programa Enseña Chile. Considera importante elaborar mecanismos para que los profesores tengan más tiempo para preparar sus clases: “Hasta ahora, lo que he visto es un borrador de ideas, pero echo de menos que no se diga nada con respecto a aumentar, aunque sea de forma paulatina, las horas que los profesores destinan a planificación de clases. Para hacer una clase de calidad, se necesita tiempo para prepararla, y en la mayoría de los liceos ese tiempo no existe”.
Bernardita Yuraszeck, hija del empresario José Yuraszeck, dice que faltan medidas relativas a la educación preescolar y universitaria. “Pero creo que es valioso que se realicen cambios en el área de la educación básica y media en pos de avanzar en disminuir las brechas existentes en el sistema”.
Juan Paulo Sánchez, al igual que Rivadeneira, apunta a las horas para preparar clases. “Como profesor, me he dado cuenta de que además de ir a la clase, los docentes se toman tiempo para planificar y resolver los problemas de los alumnos. Hacemos 40 horas de clase a la semana y llego a la casa a hacer el trabajo de planificación. Como se paga por hora, los profesores toman muchas para mejorar su sueldo, que promedia unos $400 mil líquidos”.
Por último, Bárbara Soto está de acuerdo con que los directores de establecimientos tengan la posibilidad de desvincular hasta el 5% de los profesores de bajo rendimiento, pero no el método a usar: “En todas las empresas del mundo se puede dar de baja a un mal trabajador. ¿Por qué no en la educación pública? No estoy de acuerdo en que sea a base de la evaluación docente, método que no es el más adecuado para medir a un profesor. A uno malo puede ensalzarlo, y a uno bueno, puede ignorarlo”.
Reforzando la educación técnica
Dice que es la tarea más difícil que le ha tocado emprender y que el desafío más grande es encontrar maneras para que los alumnos crean en sus capacidades. Bernardita Yuraszeck tiene 24 años, es ingeniera comercial de la UC y empezó a hacer clases en La Pintana en uno de los ocho colegios de la Fundación Belén Educa en marzo de este año. Sus cursos poco tienen que ver con la educación media tradicional. Por ejemplo, enseña Servicio de Atención al Cliente y diferentes especialidades de administración. También inglés. Sus alumnos ya tienen mentores en diferentes empresas, los que los guían en el mundo profesional. En clase, Bernardita Yuraszeck los llama a la calma: están ansiosos, vestidos formalmente para ir a encontrarse con sus tutores en las empresas. Algunas bromas en la sala apuntan a la proveniencia social de Bernardita, pero sin mala intención. Ella se mantiene seria. Su prioridad es que los estudiantes avancen: “Si quiero que mis alumnos aprendan, si quiero que puedan optar a mejores oportunidades y trabajo arduamente por alcanzar eso junto con los otros profesores, lo podemos lograr”.
De ingeniero a instructor de computación
El viaje a Santiago era un premio para los estudiantes de la escuela rural del sector La Esperanza, de Cunco, por cumplir las metas escolares del año. Por lo que el docente e ingeniero civil UC Juan Paulo Sánchez gestionó con amigos y conocidos los boletos de avión, hospedaje, alimentación, entradas a Fantasilandia y al Buin Zoo de sus ocho alumnos.
Juan Paulo recuerda que cuando decidió ir a enseñar, su familia pensó que “estaba loco”, pero al verlo feliz en una visita que le hicieron en Cunco, lo apoyaron: “Hasta mi mamá fue a Patronato para comprar los polerones del curso”, recuerda.
Ahora el ingeniero recorre 20 km de ripio para llegar a dar sus clases de matemáticas y computación al colegio donde se educan 102 alumnos, de los cuales 55% son mapuches. Juan Paulo dice que su pasión es sentir lo que es dar clases, meter las manos al barro y conocer el problema educativo.
Además, el cariño de la gente de Cunco le da una felicidad extra al integrante de Enseña Chile. “Nos aprecian tanto, que una vez que nos robaron en la casa, la gente del pueblo se enteró y en la tarde nos devolvieron las cosas”.
Tomás Rivadeneira: “No es un voluntariado”
Ya en la universidad, Tomás Rivadeneira había hecho clases de reforzamiento en Matemáticas a octavos básicos en Puente Alto. Se dio cuenta de que los niños estaban atrasados, pero le gustó el desafío. Un año antes de salir de ingeniería civil en la PUC, escuchó a Tomás Recart en una charla. Ese mismo día le mandó un mail . “Mi expectativa al entrar fue la de aportar y aprender. El objetivo principal es el aprendizaje de los niños, pero también conocer el funcionamiento del sistema educacional por dentro, en caso de que me toque trabajar en algo relacionado con educación”. Rivadeneira tiene 25 años y se viste formal: terno y corbata. Además trata a todos los alumnos de “usted”. “Si no lo hago, se puede generar una confusión entre alumno y profesor”. En clase, se encarga de motivar a los que no están haciendo su trabajo. La mayoría, eso sí, están concentrados y parecen disfrutar los problemas matemáticos. “Me gano el sueldo”, subraya. “No siento esto como un voluntariado y que soy el bueno de la película. Con el conocimiento del sistema educacional que estoy adquiriendo, soy el más beneficiado de esta experiencia”.
Bárbara Soto, de CHV a enseñar lenguaje
La periodista Bárbara Soto quería ser un “rostro famoso”, como ella misma reconoce. Por eso tuvo su primer trabajo como notera de Chilevisión. Pero dejó la TV para conocer la problemática educativa: “Todo el mundo critica, pero desde afuera. Es mejor conocer, para hablar de la realidad que se vive aquí”, dice.
Bárbara sale todos los día de su casa en Vitacura para ir a laborar en uno de los colegios más vulnerables de Peñalolén. Según la directora del colegio, Alicia Arriagada, el 92% de sus alumnos sufren algún tipo de problemática social.
Por eso, Bárbara y su compañero Patricio Borgoño comenzaron a realizar cursos de preparación a la Prueba de Selección Universitaria los días sábado. Al principio asistían 5 estudiantes y terminaron el año con más de 30. Además, otros profesores se sumaron a la iniciativa, logrando que los jóvenes pasaran de 270 puntos en marzo, a más de 600 al final del semestre.
Una de las escolares cuenta que al principio “la profe” le caía mal, “era como muy cuica”, asegura, pero también sostiene que su ayuda ha sido fundamental: su promedio de notas a comienzo de año era de 2,3 y hoy es sobre 6. “Ahora la tengo en la buena”, dice la joven de 15 años, aunque no olvida que en las primeras clases Bárbara la sacó del aula por decirle garabatos.
Bárbara quiere seguir dando clases, y en el futuro fundar un colegio para niños en riesgo social.
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Bernardita Yuraszek da clases de Servicio de Atención al Cliente a sus estudiantes del Colegio Cardenal José María Caro de la Pintana.
En la visita a la Moneda, los estudiantes de Cunco conocieron al ministro Hinzpeter, después de topárselo a la salida de su despacho.
Tomás Rivadeneira dice que decidió ser docente para conocer bien el sistema educativo.
Bárbara Soto pasó de las cámaras de televisión a ser profesora de un colegio vulnerable; ahora su prioridad son sus “niños”.
Publicado el 05 de diciembre, en el diario El Mercurio. Enlace a la versión web aquí.
















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