Se encuentran en quioscos, almacenes de barrio y locutorios:
A lo largo del país se venden 150 mil tarjetas al mes, con un costo de $1.000 cada una y un promedio de 50 minutos disponibles para llamar al exterior. Las empresas de comunicaciones de este segmento ven su futuro en las aplicaciones para los teléfonos inteligentes o smartphones
Por Sergio Acevedo Valencia
En uno de los quioscos de la Av. Providencia, cerca a la calle Pedro de Valdivia, se encuentran Andrés Parra, estudiante universitario del sector, y la ciudadana peruana Katty Lozada Huaman, quien trabaja de nana en una casa cercana. Pese a lo distinto de sus vidas, ambos tienen un factor común: un familiar fuera del país.
Los dos van al quiosco de Pedro Ibarra con frecuencia para comprar alguna tarjeta de llamadas internacionales que han proliferado en los últimos años. Los 15 minutos diarios que llaman al exterior les cuestan $2.475 con un carrier tradicional, y diez veces menos con las tarjetas: sólo $240.
Actualmente en todo el país se pude comprar doce marcas de ellas, pertenecientes a cinco empresas distintas. Según la nana Katty Lozada y el estudiante Andrés Parra, con mil pesos pueden llamar 60 minutos a teléfonos fijos de Perú y EE.UU. y 30 minutos a celulares, lo que da un promedio de $16 por minuto a red fija y $32 a móviles.
La explosión de ventas de este negocio se debe a los bajos precios. Una de las firmas que están volcándose a este servicio es el Carrier 165. Albert von Loebenstein y Pedro Navarrete, co fundadores de la compañía, aclaran que el costo de un minuto internacional por su carrier tradicional cuesta $165, frente a los $20 de sus tarjetas IP Aló de Smartel, que además no generan ningún sobre costo en la factura telefónica.
Otra de las comercializadoras de este servicio es Convergia, con sus dos tarjetas: Perú de Frente y Global Internacional. Rubén Beas, encargado del negocio, explica que los costos son bajos porque la conexión se hace a través de la red de internet, aunque la llamada se genere desde un teléfono tradicional. Beas señala que actualmente “la comunicación viaja por el mundo sobre plataformas de internet y no por el antiguo cableado de cobre telefónico”.
Consumo de inmigrantes
Según los empresarios, la mayoría de los consumidores de tarjetas son inmigrantes peruanos, argentinos, colombianos y bolivianos, en orden de demanda, quienes adquieren la tarjeta por la comodidad de poder llamar desde sus domicilios u oficinas.
Las ventas de tarjetas, que hasta 2008 se concentraban sólo en la Plaza de Armas de Santiago, se están expandiendo, a los barrios tradicionales de inmigrantes en la capital del país e incluso a Valparaíso, Viña del Mar, Arica y Temuco. Así lo asegura Daniella Araneda, ejecutiva encargada de la tarjeta Teletel, empresa de origen argentino y con ocho años de presencia en Chile.
La expansión por todo el territorio nacional se debe a los convenios de ventas que tienen las tarjetas con Sencillito y Servipag Express. En cualquier sucursal de estas cajas las personas pueden solicitar una “carga” que va desde los mil hasta los 2.500 pesos, aunque en ellas no obtengan la tarjeta físicamente, sino sólo la impresión del número PIN de acceso.
Las estadísticas de la Subtel reportan que el trafico de llamadas internacionales salientes desde Chile por carrier tradicionales ha ido en descenso en la última década. Mientras en 2000 se llamaron 213 millones de minutos, en el 2006 esa cifra ya había bajado a 199 millones. En el 2010, en tanto, sólo se llamaron 155 millones de minutos.
En cambio, con las tarjetas ha pasado al revés: cada mes se comercializan150 mil, con un tráfico aproximado de 8 millones de minutos. Es un mercado que en 2010 movió US$ 3.7 millones y que se espera que suba a los US$ 4.5 millones para 2011.
Es por eso que todo indica que la venta de las tarjetas tiene un futuro promisorio. Las compañías que llevan ocho años en el mercado dicen que su tasa de crecimiento es del 30% anual, pero para las que llevan la mitad de ese tiempo la tasa se incrementa 100% cada año, lo cual se debe a las agresivas campañas de ventas para posicionarse. Tanto es el desarrollo que los ejecutivos del Carrier 165 de Smartel afirman: “Las tarjetas facturan en un día el dinero que puede hacer el carrier tradicional en un mes”.
Para Diego Ghione, presidente de la compañía argentina Global Think Technology, proveedora de las plataformas que transportan el 60% de las llamadas en este sistema desde Chile, el país es el mejor de la región para desarrollar este negocio por los altos niveles de tecnología y por la tendencia al alza de la compra de teléfonos tipo Smartphone desde donde se puede llamar con aplicaciones de llamadas IP.
La innovación en las ventas y nuevos nichos han aflorado en el sector. Convergia, para diversificar su mercado, está negociando con Falabella Viajes incluir dentro de los paquetes turísticos una tarjeta por US$ 10, para que el viajero se evite los altos precios de llamadas desde hoteles. En ellos, un minuto puede llegar a costar los mismos US$10.
Otra manera de ampliar el mercado es como lo hace Smartel con su tarjeta Aló Chile. Un cliente puede comprarla en Chile y vía email enviar los números de PIN y teléfonos locales de acceso en países como EE.UU., Argentina, Perú y Colombia. Así su familiar puede llamar por 30 minutos a Chile por sólo mil pesos, un precio económico comparado con los del exterior.














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