Revista Avianca Reportaje para la revista de la aerolínea Avianca. No. 80 noviembre de 2011.

Por Sergio Acevedo Valencia / Chile

Hace un año en el norte de Chile, sucedió un milagro, que fue seguido por millones de personas en todo el mundo, por más de un mes. El rescate de los 33 mineros además de sentimientos encontrados dejo una semilla turística en la ciudad de Copiapó y lo que fue el epicentro de esta historia, la Mina San José y el Campamento Esperanza.

¡Ni un árbol! Nada en kilómetros, sólo tierra y piedras en el desierto, es tan largo que parece una culebra infinita, de día quema y de noche congela. Así es el desierto de Atacama, descrito por un aventurero colombiano que lo cruzó en bicicleta de norte a sur. Este paraje es el lugar más seco de nuestro planeta y tiene zonas donde no ha caído una gota de agua en más de ochenta años.

En Atacama está enclavada la Mina San José (1840, inicio de operaciones), la cual se hizo famosa en todo el mundo, por quedarse en sus entrañas con los 33 mineros chilenos, durante 70 días. El triste y celebre yacimiento está ubicado a 30 kilómetros de la ciudad norteña de Copiapó y a 800 kilómetros de Santiago, su fama inicio el cinco de agosto de 2010, cuando sus paredes rugieron a 720 metros bajo tierra para cerrarse por siempre y dejar en sus fauces a los 33 hombres.

Hace un año la mina contaba con una caseta de control en la entrada, un casino de alimentación, una cabaña de tres habitaciones que albergaba la recepción y las dos oficinas de los dueños, el taller de reparación y un perro que le ladraba al cielo más estrellado del planeta, ­—Atacama paradójicamente es el lugar donde están los telescopios y proyectos astronómicos más importantes y grandes del mundo—.

En pocos días la cantera se fue transformando en un pueblo, que luego denominaron “Campamento Esperanza”, nombre con el cual los familiares de los atrapados se sentían identificados durante los 16 días que no tuvieron noticias de sus allegados.

La aldea sufrió un veloz desarrollo, de un día para otro contó con los servicios básicos: agua, luz, energía y telefonía móvil. Además se creó una tienda, un restaurante y un carro de comidas rápidas, cuyos productos eran gratis para quien los solicitara, convirtiéndose así, en el único pueblo comunista en el país más neoliberal de América del Sur.

Revista AviancaDespués del derrumbe en el día 17 la cotidianidad se rompió. Una de las tantas sondas que taladraron las rocas del lugar, encontró a los mineros y mediante ella enviaron el famoso mensaje: “Estamos bien en el refugio los 33”. Detonando así la alegría de todo Chile y la llegada de 200 periodistas provenientes de los medios más importantes de todas las latitudes del globo terráqueo, incluyendo a una despistada comunicadora europea que desfiló haciendo su reportería en tacones de diez centímetros de alto y bufanda de plumas por la única y empedrada calle del campamento.

Así el nuevo pueblo que formó la tragedia fue creciendo rápidamente, hasta escuela se debió abrir para los hijos y familiares de los mineros. Junto a los funcionarios del Registro Civil llegaron 400 personas consideradas habitantes fijos y otras 300 que viajaban a diario de las ciudades cercanas como Copiapó, Vallenar y Caldera para llevar vivieres y ayudar en varias tareas.

El Campamento Esperanza se fundó en un valle de aproximadamente un kilometro cuadrado, rodeado de pequeñas colinas, donde se sembraron 33 banderas chilenas en honor a sus hombres.

El valle se dividió en tres secciones o barrios, el primero para los periodistas, junto a la gente que entraba y salía a diario; el segundo para los familiares directos de los sobrevivientes y el último  para el gobierno, fuerzas armadas, dueños de la mina y la zona de las excavaciones para el rescate.

La vida en el campamento fue un maremoto de emociones; tristeza, alegría, desazón, esperanza, reclamos hacía el gobierno y los propietarios, comportamiento igual al clima en el desierto de Atacama, de día altas temperaturas con los rayos de sol que fácilmente calcinan la piel y de noche temperaturas bajo cero grados centígrados, que obligaban a los residentes de la mina a encender fogata.

Con el inicio de la operación de salvataje llamada San Lorenzo, en honor al patrono de los mineros, el lugar se lleno de maquinaria, camiones y grandes torres de metal que dominaron el horizonte, hasta el día 13 de octubre cuando por fin de nuevo nacieron los 33 por el angosto ducto de menos de 60 centímetros de radio, allí por donde se deslizó la cápsula fénix II. Luego de la salida del último minero, la Mina San José fue abandonada y a un año del rescate se ha vuelto un lugar turístico.

Turismo de historia  y tragedia

Para recordar la odisea chilena, el gobierno Chino obsequio a Chile la “Estatua por la Paz”, que se encuentra en la plaza de armas de Copiapó, la cual mide 12 metros de altura y pesa 20 toneladas y que fue elaborada por el artista chino Yao Yuan, de la Fundación Esculturas por la Paz en el Mundo.

Revista AviancaAdemás para conmemorar el primer aniversario se colocó en los predios de la Mina San José, la primera piedra del “Monumento Esperanza”, con el fin de que sea otro de los recuerdos y atractivos del centenario lugar, que ahora está definitivamente cerrado para la extracción de cobre, principal sustento económico de Chile.

Si algún turista quiere conocer más de la odisea puede buscar a alguno de los 33 mineros que viven en Copiapó, para así conocer de primera mano todo lo acontecido. Otra manera es averiguar por alguno de los lugareños que se volvieron guías turísticos y que realizan recorridos desde Copiapó hasta el ex Campamento Esperanza, relatando y mostrando la historia que se tejió durante los 70 días de encierro de sus compatriotas. El servicio de guía más transporte se puede contratar desde 30 dólares por persona.

Pasados más de 365 días de los hechos que vieron en vivo más de mil millones de personas, algo sólo comparado con los Juegos Olímpicos. En lo que fue el Campamento Esperanza, se puede apreciar la gran entrada al socavón dónde quedaron enterrados para la eternidad varios camiones y las herramientas de los 33 mineros, varias torres de hierro usadas para la perforaciones del rescate, los orificios por donde se comunicaban los atrapados con la superficie, el agujero por donde emergieron de nuevo a la vida, un señal de pare junto a una barrera de metal que dice “Área restringida, pida autorización” y los dos únicos que llegaron hace un año y no se han ido de allí: San Lorenzo, patrono de los mineros, con casco y una lámpara de carburo colgando de su brazo y la Virgen de La Candelaria llevada por el obispo de Copiapó.

Además si va entre los meses de septiembre y noviembre, cerca a la Mina San José puede conocer una de las maravillas más inusuales del desierto de Atacama: El Desierto Florido. Una zona que cuando llueve en los meses de invierno, hace que en una gran extensión de arena germinen flores, más de doscientas especies, la mayoría endémicas, como un milagro, como aquellos que solo se dan en esa tierra y que este 2011 ya germinó, pues las semillas fueron bañadas hace unos meses por el vital líquido.

Nota: Gracias a mi hermano Jairo por las fotos.